Dos monjas habían salido del convento para vender rosquillas. Como una de ellas aun era novicia, la superiora decidió que fuera acompañada por Sor Lógica, quien sabía salir bien de cualquier contratiempo. Pero se les hizo noche en medio del camino y vieron que un hombre las venia siguiendo. La novicia preguntó:
¿-Que querrá a ese hombre, Sor Lógica?
-Por lógica, ha de querer violarnos.
¿-Que podemos hacer? Va a alcanzarlos en pocos minutos.
-Lógicamente caminaremos más rápido.
En otra vuelta del camino dijo a novicia:
-¡No funciona!
-Por supuesto que no funciona. El hombre hizo algo lógico: empezó a caminar rápido también.
¿-Entonces? Qué hacemos? Ya casi nos alcanza.
-Lo más lógico es que nos separemos. Tú coge ese camino y yo tomaré este. No nos puede seguir a las dos a un tiempo.
Entonces el hombre decidió acelerar su paso y seguir a la Sor Lógica. La novicia llegó al convento y se preocupó porque Sor Lógica aun no había llegado. Pero no tardó mucho en aparecer.
¡-¡Sor Lógica! Gracias a Dios que está aquí! Cuéntenos, qué pasó?
-La única cosa lógica que podía pasar. El hombre no pudo seguirnos a las dos y me siguió a mí.
¿-Entonces? Qué pasó? Por favor, cuéntenos.
-La única cosa lógica que podía pasar. Empecé a correr tan rápido como pude.
¿-Y después?
-La única cosa lógica que podía pasar. El hombre también empezó a correr tan rápido como pudo.
¿-Que más?
-La única cosa lógica que podía pasar. Me alcanzó.
¿-Y que hizo entonces?
-La única cosa lógica que podía hacer. Levanté el vestido.
¡-¡Dios mio! Y que hizo el hombre?
-La única cosa lógica que podía hacer. Se bajó los pantalones.
-¡Santa María! Y que pasó después?
¿-Que? No es lógico? Una monja con el vestido levantado puede correr más rápido que un hombre con los pantalones en los tobillos.